Asturias in autumn: a getaway to feed the senses

Asturias en otoño, es mágica. Nosotros creemos que es entonces cuando empieza una de sus épocas más especiales. El otoño devuelve la calma a los caminos, deja más espacio en los pueblos marineros y transforma la costa con una luz diferente. Los verdes se mezclan con ocres y dorados, el Cantábrico recupera su carácter y apetece volver al apartamento después de caminar, sentarse junto a la ventana y preparar algo caliente. Es una estación para viajar sin prisa. Para escuchar el mar. Para oler el bosque después de la lluvia. Para saborear un plato de cuchara. Para mirar cómo cambia la luz sobre la desembocadura del Nalón. En Las Mimosas del Nalón lo resumimos con nuestra forma de entender la hospitalidad: Alimenta los sentidos. Si buscas una escapada de otoño en Asturias, te proponemos descubrirla desde San Juan de la Arena, en un punto privilegiado de la costa central y muy cerca de Cudillero, Avilés, San Esteban de Pravia, Cabo Vidio y algunas de las playas más impresionantes del litoral asturiano. CONSULTAR DISPONIBILIDAD EN LAS MIMOSAS ¿Por qué merece la pena visitar Asturias en otoño? Asturias no necesita cielos completamente azules para ser bonita. En otoño, las nubes, la humedad y los claros de luz forman parte del paisaje. Un mismo día puede comenzar con niebla sobre el río, abrirse al mediodía y terminar con un atardecer limpio sobre Los Quebrantos. Viajar entre mediados de septiembre y diciembre tiene varias ventajas: El secreto no es intentar hacer demasiadas cosas. Es elegir bien y dejar tiempo para disfrutar de cada lugar. Si quieres situarte antes de organizar el viaje, consulta nuestra guía de la costa central de Asturias. El otoño en Asturias a través de los cinco sentidos Mirar La luz del otoño cambia el paisaje. Las laderas adquieren tonos más cálidos, las nubes proyectan sombras sobre el mar y cada claro ilumina una parte distinta de la ría. Desde los jardines y apartamentos de Las Mimosas puedes contemplar el Nalón, las montañas y el Cantábrico sin necesidad de empezar el día corriendo. Escuchar El mar suena diferente cuando termina el verano. Pasear por la Playa de Los Quebrantos permite escuchar las olas, el viento y las aves con mucha más claridad. En los bosques, la lluvia sobre las hojas crea ese silencio lleno de pequeños sonidos que solo aparece cuando caminamos despacio. Oler La tierra mojada, la madera, las hojas, el salitre y el café de la mañana. El otoño tiene aromas que nos devuelven inmediatamente al lugar en el que estamos. Saborear Es tiempo de setas, castañas, fabada, potes, quesos, pescados del Cantábrico y sidra. La gastronomía no es un complemento del viaje: es otra manera de comprender Asturias. Sentir Sentir también es descansar. Volver después de una ruta, quitarse las botas, abrir la ventana y reconocer que ese rato sin agenda forma parte de las vacaciones. Qué hacer en la costa central de Asturias en otoño 1. Pasear por San Juan de la Arena y Los Quebrantos San Juan de la Arena conserva la vida de un pueblo vinculado al mar y a la desembocadura del Nalón. Su paseo, el puerto y la cercanía de la playa permiten empezar a descubrir el entorno sin coger el coche. Los Quebrantos es una playa extensa y abierta al Cantábrico. En otoño invita a caminar, observar el oleaje y disfrutar de atardeceres que cambian cada día. Desde Las Mimosas se puede llegar dando un paseo. Para conocer mejor nuestro hogar, lee San Juan de la Arena y el Bajo Nalón: donde Asturias alimenta tus sentidos. 2. Recorrer la Senda de los Miradores La Senda de los Miradores reúne muchos de los elementos que buscamos en una ruta asturiana: bosque, acantilados, pequeñas playas y perspectivas abiertas sobre el mar. Después del 15 de septiembre ya no se realiza el cruce turístico en La Carmela, pero la senda continúa siendo accesible desde San Esteban de Pravia. Antes de salir conviene revisar la previsión, llevar calzado con buena adherencia y adaptar el recorrido a las horas de luz. No repetimos aquí todas las indicaciones porque ya hemos preparado una guía específica de la Senda de los Miradores con sus puntos principales. 3. Descubrir Cudillero sin las prisas del verano Cudillero es uno de los pueblos marineros más conocidos de Asturias, pero en otoño se disfruta de otra manera. Se puede caminar por sus calles, subir a los miradores y detenerse a comer con más tranquilidad. Desde allí, la ruta puede continuar hacia Cabo Vidio y la Playa del Silencio. El estado del mar y del terreno debe marcar siempre la visita: contemplar la playa desde arriba también puede ser una experiencia extraordinaria y evita bajar si el acceso está húmedo o resbaladizo. Consulta nuestro recorrido completo por Cudillero, Cabo Vidio y la Playa del Silencio. 4. Observar aves en la desembocadura del Nalón El Bajo Nalón es un lugar especialmente interesante durante las migraciones. Garzas, cormoranes, espátulas y otras especies utilizan el estuario como zona de alimentación o descanso. No hace falta ser especialista ni llevar un gran equipo. Unos prismáticos, cierta distancia y paciencia son suficientes para convertir un paseo en una experiencia diferente. La observación respetuosa —sin acercarse, perseguir ni alterar a las aves— permite disfrutar mucho más del entorno. 5. Conocer Avilés y Salinas Avilés es un magnífico plan de otoño y una opción especialmente cómoda cuando el tiempo no acompaña para realizar una ruta larga. Su casco histórico, los soportales, la calle Galiana, el Mercado de Abastos y el Centro Niemeyer permiten combinar patrimonio, cultura y gastronomía. Si el día abre, puedes completar la excursión con un paseo por Salinas y su extensa playa. 6. Caminar por la Ruta de las Trincheras de Ranón Muy cerca de Las Mimosas se conserva un conjunto de posiciones defensivas vinculadas a la Guerra Civil. La ruta combina historia, costa y excelentes vistas sobre Los Quebrantos y el Playón de Bayas. Puedes ampliar la información en nuestra guía de la Ruta de las
Covadonga and the Santina of Asturias: guide to visiting the Holy Cave and the Basilica

Covadonga es de los lugares que se sienten y se recuerdan para siempre. La roca húmeda del monte Auseva, el sonido del agua bajo la cueva, el color rosado de la Basílica entre el verde, las campanas y el silencio de quienes se acercan a ver a la Santina crean una atmósfera difícil de explicar con una fotografía. Para los asturianos, Covadonga es mucho más que un destino turístico. Es historia, tradición, identidad y emoción. Para quien visita Asturias por primera vez, es uno de esos lugares que ayudan a comprender la tierra que está descubriendo. En esta guía te contamos qué ver en Covadonga, cómo visitar la Santa Cueva, qué detalles observar en la Basílica de Santa María la Real, quién fue Don Pelayo y qué representa su conocida estatua. También te proponemos una forma de organizar la excursión desde Las Mimosas del Nalón, en San Juan de la Arena. Visitar Covadonga Nos encontramos aproximadamente a una hora y quince minutos en coche de Covadonga. No somos el alojamiento más cercano al Santuario y preferimos decírtelo con claridad. Somos algo diferente: una casa tranquila en la costa central desde la que puedes dedicar un día al oriente, regresar al mar al atardecer y seguir descubriendo, durante la misma estancia, el centro y el occidente de Asturias. Porque conocer Asturias no consiste en correr de un lugar imprescindible a otro. Consiste en mirar, escuchar, saborear y dejar espacio para lo inesperado. Eso es, para nosotros, Alimenta los sentidos. Covadonga: el corazón espiritual e histórico de Asturias Covadonga —Cuadonga en asturiano— se encuentra en el concejo de Cangas de Onís, a los pies de los Picos de Europa. Su paisaje está estrechamente unido a la historia del Reino de Asturias, a la figura de Pelayo y a la devoción por la Virgen de Covadonga, conocida cariñosamente como la Santina. La tradición sitúa en este entorno la batalla de Covadonga del año 722. Más allá de las interpretaciones históricas y de las leyendas construidas con el paso de los siglos, aquel episodio quedó unido al nacimiento del Reino de Asturias y convirtió el monte Auseva en uno de los escenarios simbólicos más importantes de nuestra historia. Pero Covadonga no exige una mirada religiosa para emocionar. Quien llega atraído por el paisaje, la arquitectura o la historia encuentra también un espacio singular: una cueva natural transformada en santuario, una basílica que parece emerger de la montaña y un conjunto patrimonial rodeado de agua, bosque y roca. Nuestro consejo es sencillo: no visites Covadonga como una parada rápida antes de subir a los Lagos. Reserva tiempo para caminar, entrar en silencio en la cueva, observar la Basílica desde diferentes perspectivas y dejar que el lugar marque el ritmo. La Santa Cueva de Covadonga y la visita a la Santina La Santa Cueva de Covadonga es el centro espiritual del Real Sitio y el lugar que más emoción despierta entre peregrinos, asturianos y viajeros. La cavidad se abre de forma natural en la roca del monte Auseva. En su interior se encuentra la pequeña capilla donde se venera a la Virgen de Covadonga. La imagen, rodeada por la piedra y abierta al paisaje, conserva una cercanía muy distinta de la que se siente en un gran templo. Puedes llegar a la cueva por el acceso del túnel o subir por la tradicional Escalera de las Promesas, utilizada por muchos devotos como parte de sus promesas y peregrinaciones. Si viajas con una persona con movilidad reducida, conviene revisar antes de la visita las condiciones de accesibilidad del conjunto y solicitar información al Santuario. Al entrar, intenta detenerte unos minutos. Observa la luz, el altar y la montaña que enmarca la capilla. Escucha el agua y las campanas. Incluso en los días de mayor afluencia, Covadonga guarda pequeños momentos de silencio. ¿Quién es la Santina de Asturias? La Virgen de Covadonga es la patrona de Asturias y recibe el nombre de Santina como una forma profundamente asturiana de cariño. El diminutivo no reduce su importancia: expresa cercanía, afecto y pertenencia. La imagen que vemos actualmente no es la primitiva. Un incendio destruyó en 1777 la antigua talla y buena parte de los bienes de la cueva. En 1778, el Cabildo de la Catedral de Oviedo donó la imagen que hoy se venera en Covadonga, una talla del siglo XVI que representa a la Virgen erguida con el Niño Jesús en su brazo izquierdo. La Santina luce mantos de diferentes colores a lo largo del año. Posee más de medio centenar, donados por personas e instituciones en distintos momentos de la historia. Sus coronas fueron ofrecidas por los asturianos con motivo de la coronación canónica de la Virgen y el Niño, celebrada en 1918. Cada 8 de septiembre se celebra la festividad de la Virgen de Covadonga y el Día de Asturias. Es una jornada especialmente emotiva y también una de las de mayor afluencia, por lo que, si buscas una visita tranquila, es mejor elegir otra fecha. El sepulcro de Don Pelayo en la Santa Cueva Antes de llegar a la imagen de la Virgen, en la pared lateral derecha, encontrarás el sepulcro atribuido a Don Pelayo. Según la tradición, Pelayo fue enterrado inicialmente en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia y sus restos fueron trasladados siglos después a la Santa Cueva. En la cueva también se encuentra el sepulcro de Alfonso I y su esposa Ermesinda, hija de Pelayo. Esta presencia funeraria refuerza la unión entre el santuario, los orígenes de la monarquía asturiana y la historia de Cangas de Onís, considerada la primera capital del Reino de Asturias. Es importante hablar de Covadonga diferenciando la documentación histórica de las tradiciones transmitidas durante siglos. Esa mezcla de hechos, memoria y leyenda forma parte precisamente de la fuerza simbólica del lugar. Qué ver bajo la Santa Cueva: el Pozón y la Fuente de los Siete Caños Cuando el agua es abundante, el río Mestas aparece bajo la gruta formando el conocido Chorrón, una cascada que